Oceano

La profundidad del océano es mucho mayor de lo que imaginamos.

Tanto, que si decidiéramos rellenar las aguas con tierra de la superficie, quedaríamos completamente hundidos al menos por casi 4 kilómetros en el vasto océano.

En comparación, un ser humano se ve más o menos así.

Un elefante, más o menos así.

La nave más grande construida por el hombre se ve así. El Knock Nevis.

Con eso en mente comencemos nuestro descenso a ver qué encontramos.

La primera medida que usaremos son 40 metros, el máximo permitido para el submarinismo recreativo.

Un poco más abajo, en los 93 metros, fue donde se descubrieron los restos del Lusitania.

Esta nave era la más grande del mundo antes de que apareciera el Titanic. Fue hundida durante la Primera Guerra Mundial por un submarino alemán.

Al llegar a los 100 metros el submarinismo se vuelve muy peligroso si no se toman precauciones, por la llamada «Enfermedad de los buzos». Esta enfermedad es una embolia gaseosa producida por una disminución brusca de la presión atmosférica.

Este peligro no detuvo al nadador con el récord mundial de mayor profundidad, Herbert Nitsch al llegar a los 214 metros con solo una bocanada de aire.

Más abajo, se encuentra el récord mundial de submarinismo con 332 metros de Ahmed Gabr.

Si hubiera bajado un poco más, hubiera alcanzado la altura del Empire State a 443 metros si estuviera sumergido bajo el agua.

En los 500 metros alcanzamos la máxima profundidad a la que pueden sumergirse las ballenas azules, el animal más grande del mundo.

Y también el límite del USS Seawolf Class, un submarino nuclear.

En los 535 metros alcanzamos la máxima profundidad a la que pueden sumergirse los Pingûinos Emperador.

En este punto debemos tomar en cuenta la intensidad de la presión acuática. La presión que ejercería sobre un ser humano sería equivalente a un oso polar pisando una pequeña moneda.

Seguimos bajando, en 830 metros alcanzaríamos la altura de Burj Khalifa, el edificio más alto del mundo.

Cuando alcanzamos los 1.000 metros (1Km), llegamos al comienzo de la Zona del Miedo (Scary Zone)

La luz de la superficie alumbra hasta este punto, por lo que el descenso será completamente a oscuras a partir de aquí. La presión del agua a este nivel aniquilaría a cualquier ser humano en muy poco tiempo.

Pero, si de alguna forma sobrevivieras lograrías conocer a los famosos calamares gigantes.

En los 1.280 metros llegamos a la máxima profundidad alcanzada por la Tortuga de Laúd (Leatherback Sea Turtle)

A los 1.828 metros alcanzaríamos el punto más bajo del Gran Cañon si estuviera sumergido con nosotros.

Llegando a los 2.000 metros (2Km) encontramos varias de las criaturas más terroríficas del mar.

El dragón negro o el pez alien. Una criatura carnívora con un estómago que no permite que la luz sea emitida a través de él. Por lo que la única forma de poder verla sería con una linterna.

Un poco más abajo, en los 2.250 metros llegamos a la máxima profundidad alcanzada por El Cachalote y el aterrador Calamar Colosal.

Un dato curioso es que los cachalotes muchas veces tienen marcas y cicatrices en su cuerpo causados por peleas contra calamares gigantes.

Estos calamares pueden llegar a crecer 14 metros de longitud y pesar 750 kilogramos, con ojos del tamaño de una bandeja y tentáculos con pequeñas zarpas afiladas.

En los 3.800 metros encontramos los restos del RMS Titanic

En los 4.000 metros entramos en la Zona Abismal (Abyssal Zone). La presión del agua es de unos 11.000 libras por pulgada cuadrada.

Aquí se encuentran las criaturas más extrañas, casi alienígenas, como el Pez de colmillos largos

El Demonio Marino

O el Pez Víbora

En los 4.267 metros es la profundidad donde normalmente se toca el suelo del océano, pero existen algunas zonas donde hay mayor descenso.

Cuando alcanzamos los 4.791 metros descubrimos los restos del buque de batalla Bismarck, hundido en la Segunda Guerra Mundial.

Mucho más abajo, en los 6.000 metros comienza la Hadal Zone, llamada así por el inframundo de Hades.

La presión del agua es 1.100 veces mayor que en la superficie, equivalente a un elefante balanceándose sobre un sello de correos.

O si una persona cargara el peso de 50 jumbo jets Boeing 747, lo que te aplastaría completamente sin ninguna protección.

Aún así existe vida en formas muy extrañas.

En 6.500 metros llegamos a la máxima profundidad alcanzada por el DSV Alvin, popular por ayudar a descubrir al Titanic.

Mucho más abajo, a 8.848 alcanzamos la altura del Everest si estuviera bajo el agua.

En los 10.898 metros alcanzamos la profundidad a la que llegó el Deepsea Challenger en el año 2012. Este aparato fue pilotado por el mismísimo director James Cameron, siendo el primer ser humano en alcanzar esa profundidad, solo.

En 1960 Don Walsh y Jacques Piccard alcanzaron 10.916 con el submarino Trieste. Les tomó 5 horas descender hasta ese punto, donde solo estuvieron durante 20 minutos antes de que una de las ventanas se empezara a quebrar.



Un poco más profundo está el punto normalmente alcanzado en altitud por una aerolínea comercial. Al ver por una de las ventanas de un avión, imagínate que estás en el fondo del océano. ¡Aterrador!

Finalmente en los 10.994 metros alcanzamos el fondo del océano conocido. Llamado el Challenger Deep, este punto está aproximadamente en esta zona del mapa. A 300 km de las islas Guam.

Se cree que existen partes más profundas del océano aún no descubiertas. Y no fue sino hasta el año 1997 que la humanidad alcanzó los 10.732 metros, el llamado Sirena Deep.

Se estima que aproximadamente se ha mapeado solo el 5% del suelo oceánico. Dejando el resto 95% en un misterio.

Estamos seguros que es cuestión de tiempo que la humanidad descubra un punto más profundo en el océano.

Y quién sabe qué encontraremos allí…