—¿Es correcto? ¿Sonreír?
—Sí, es correcto. Y educado. Una sonrisa como esa significa un leve regocijo. Y encaja perfectamente, porque lo que he dicho era una pequeña broma.

—¿Esto? —pregunté, e hice el signo de leve preocupación. Penthe asintió.
—¿Cómo se hace eso con la cara?
—Es así. —Junté ligeramente las cejas—. Además, como eres una mujer, tú harías esto. —Fruncí un poco los labios—. Yo haría esto, porque soy un hombre. —Llevé las comisuras de los labios hacia abajo.
Penthe me miró con cara de perplejidad. Aterrorizada.
—¿Los hombres y las mujeres lo hacen diferente? —preguntó con un tono que delataba incredulidad.
—Solo algunas expresiones —la tranquilicé—. Y solo algunas cosas de la vida, somos diferentes y nos expresamos de forma diferente.
—Hay tantas cosas —dijo, y en su voz se filtró un deje de congoja—. Con la familia, uno sabe qué significa cada pequeño movimiento de la cara. Creces observando. Aprendes a interpretarlo todo. Los amigos de la infancia, antes de que aprendas a no sonreír por todo… Con ellos es fácil. Pero esto… —Sacudió la cabeza—. ¿Cómo es posible acordarse de cuándo es correcto enseñar los dientes? ¿Con qué frecuencia tengo que contactar a los ojos?”