Memorias de un cautivo (3/3)

CONTEXTO:

Como relaté en los anteriores artículos históricos que veréis en la parte inferior de este artículo, mi familia, por parte de madre, estuvo presente en la Guerra Civil Española, así como en la Segunda Guerra Mundial. Tuvimos la suerte de que dejaron relatos de sus vivencias en la Guerra.

Los relatos que leeréis a continuación, son las memorias del hermano de mi Abuelo, escritas de su puño y letra y transcritas aquí con el fin de ver otra perspectiva existente en la guerra. Sólo se han omitido los nombres relacionados con mis familiares.

Todos los relatos se han acompañado de texto en cursiva con la intención de poner más contexto histórico en las historias.

Memorias de D. Vicente *** ***** (23/11/1916 – 05/05/2002) – Cuenca

Parte 3

El día 6 llegué a Cuenca y sin tomarme ningún descanso me puse al frente de mi OOJJ y a trabajar lo que fuera necesario. El día15 de octubre, Santa Teresa, se celebraba solemnemente por ser la patrona de la sección femenina y con tal motivo se hizo el pase de flechas a la sección femenina.

La Sección Femenina (SF) fue la rama femenina del partido Falange Española, y posteriormente de FET de las JONS. La Sección Femenina fue constituida en Madrid en 1934,1 y llegó a funcionar durante cuarenta años, siendo disuelta tras la muerte del general Franco y el consiguiente desmontaje del régimen.
Los actos, presididos por la delegada nacional de la sección femenina, Pilar Primo de Rivera, jefe provincial del movimiento, gobernadores civil y militar, etc., se celebraron en la explanada, dónde en el atrio ocupado ahora en su lugar más noble está la ermita de la Virgen de las Angustias (patrona de la ciudad y co-patrona de la Diócesis) el más entrañable rincón de los conquenses, que en el día de Viernes Santo es visitado en peregrinación por tan buenos hijos marianos, que dicen “van a acompañar a la Virgen en su soledad” porque le han quitado a su hijo que, descendido del altar, lo han puesto en el suelo a la altura misma de quienes durante horas han hecho cola en espera de estar unos minutos junto a la Virgen en una de las más sorprendentes y unánime demostración de fidelidad que cabe esperar en estos tiempos.
Pero volviendo al acto que nos ha llevado allí, quiero resaltar la viril estampa de los cadetes montando guardia en sitios estratégicos en todo lo alto de las enormes peñas que forman el precioso enclave de la ermita. Pilar se fue enamorada del paisaje que le ofrecieron la sección femenina y OOJJ de Cuenca. Me olvidaba decir que la sección femenina tenía las flechas encuadradas en la regiduría de OOJJ. Su regidora era Pilar Chávarri Peñalver y la delegada provincial de la sección femenina, Matilde Arias Faerna, ya desaparecida a la que quería entrañablemente.
Aun cuando no hace mucho al caso que me estoy refiriendo, puedo que todo gira sobre la odisea que viví, aprovecho la ocasión para distraeros un poco contándoos alguna de las varias leyendas que corren sobre la figura llamada popularmente la Cruz de los Descalzos narración que dedico a mis nietos.

Como digo, sobre esta figura también conocida como la Cruz del Converso corren varias leyendas alguna amañada recientemente pero que suelen coincidir en la justificación del arrepentimiento de un pecador. De acuerdo con una de estas historias los orígenes de la pieza están ligados a la propia comunidad de los descalzos, cuando un artista apóstata, Giralte del Flugo llego a Cuenca en una noche de tormenta, yendo a parar a las putas del convento en el que no quiso entrar, prefiriendo permanecer al amparo de unos grandes álamos del atrio.

Un rayo derribó el árbol y lesionó al escultor que fue recogido por los monjes, quienes le cuidaron. Durante su restablecimiento tuvo ocasión de visitar la capilla donde se encontraba la imagen de la Virgen de las Angustias con su hijo en brazos, visión que turbó poderosamente a Giralte al creer que estaba viendo a su propia esposa con el hijo de ambos, muerto precisamente durante la construcción de una iglesia, hecho fatal que había movido al artista a abandonar la religión. Tan impresionante visión movió el ánimo de Giralte que arrepentido de su apostasía, recobró la fe y construyó la Cruz en el mismo lugar en que el rayo había caído sobre él.

Directamente ligada con esta leyenda hay otra que se refiere a la mano que aparece grabada sobre la piedra de la Cruz. La acción se sitúa en época más reciente, hacia el siglo XVIII y trata como en tantas otras ocasiones de la imaginería narrativa española, de un joven vicioso y turbulento amigo de jugar con el amor y la muerte. En el devenir de sus aventuras Don Diego entró en contacto con una tal Diana, nombre pagano para aquella época con quien llevó adelante unos amores escandalosos que culminaron, una noche de tormenta apta para la locura y la blasfemia.

Empapados por la lluvia los vestidos de la joven, quiso el caballero encontrar cobijo para ambos en el convento, y al ayudar a Diana tratando de llevarla en brazos, descubrió que las piernas de la mujer terminaban en sendas pezuñas de cabra, de dónde comprendió que había estado conviviendo con el demonio. Horrorizado se abrazó a la cruz pidiendo la protección divina, Diana se desvaneció en el aire y como muestra del arrepentimiento del joven y del perdón que le había sido otorgado, su mano quedó grabada en la piedra de la Cruz.

Nota: Estas leyendas están tomadas del libro “Las calles de Cuenca”


Por estas fechas Petra había vuelto destinada a Madrid y nos veíamos muy de tarde en tarde, pero como había anunciada la celebración de la segunda demostración nacional de las OOJJ que había de tener lugar el día 29 de Octubre, ya se nos hacían los días eternos esperando poder juntarnos. La demostración consistía en desfiles, exhibiciones gimnásticas, campeonatos deportivos, etc., y cómo todo ello precisaba preparación y entrenamientos eligieron el Metropolitano para que sirviera de escenario de lo que luego resultó un patriótico espectáculo.
Un gran número de participantes procedíamos de provincias y nos concentraron unos días antes con objeto de efectuar los ejercicios de entrenamiento y adaptación al Metropolitano. Los flechas y cadetes tenían distintos alojamientos incluso en casas particulares y a los mandos, excepto los responsables de la vigilancia de la tropa, nos alojaron en diferentes pensiones y hoteles, que desinteresadamente, se habían ofrecido.

Yo, conseguí ir al Hotel Palace que aparte de ser el mejor de los de Madrid en aquella fecha, distaba del domicilio de Petra unos doscientos metros, lo que facilitaba nuestras entrevistas. Ella vivía en Marqués de Cubas número 25.
La demostración resultó un exitazo y Cuenca dejó muy alto su pabellón. Quiero dedicar un cariñoso recuerdo al entonces delegado nacional, Sáncho Dávila, a José Mª Gutiérrez del Castillo, secretario nacional con el que me veo frecuentemente y al comandante Marcos Daza, responsable de toda la formación preliminar.
La labor en el medio rural era dura pues, como he dicho antes, había que crear OOJJ de doscientos ochenta y nueve pueblos, la mayoría mal comunicados y sin que dispusiéramos de los vehículos que nos hacían falta. Así fuimos tirando y salvando los múltiples inconvenientes como Dios nos daba a entender.


Se aproximaban las Navidades y lógicamente la fiesta de Reyes, yo soñaba con organizar una cabalgata, pero sabiendo que ni la OOJJ ni jefatura provincial contaba con medios suficientes, no me atreví a proponerlo, pero el gusanillo no me dejaba tranquilo y me fui directamente al toro, pensando que me heriría de muerte pero no fue así. Cambié impresiones con mi amigo y también compañero de cautiverio Santiago Redondo dueño del, entonces, mejor bazar de Cuenca y le expuse la posibilidad de que nos sirviera los juguetes que pudiéramos necesitar con lo que contribuiría a la culminación de la cabalgata que, sin ese aliciente, iba a resultar muy sosa y pobre. Me prometió que podía contar con su ayuda y que ya le pagaríamos cuándo buenamente pudiéramos.
Pero también había que alquilar todos los disfraces o al menos los principales, tales como la Virgen, Reyes Magos, Pajes, etc., los de San José, pastores y pastorcillos ya se improvisarían. Me fui a ver a José Andrés Alegría, jefe provincial le expuse la idea y echándose las manos a la cabeza me decía ¿Tú sabes lo que pides?. Al final llamó al administrador, que si mal no recuerdo era Quintana, que al conocer mi propuesta me dijo que sólo podía comprometerse, de momento, a pagar los gastos de la sastrería teatral que nos alquilara los trajes y que los juguetes ya se pagarían.
Como contábamos con pocas fechas para hacernos con los disfraces, al día siguiente me fui a Madrid acompañado del sastre Manuel Álvarez con el taxista Pedro Puerta que había estado conmigo en la brigada 59.
Fuimos a las sastrerías teatrales de Cornejo y Peris Hnos., pero ya tenían comprometidas todas las cabalgatas que podían servir. Después en Disfraces Izquierdo de la calle Amor de Dios, también llegamos tarde pero nos atendió una señorita muy maja a la que piropeamos y gastamos bromas, pues Álvarez era un humorista y caricato, vimos que le habíamos caído bien. Nos despedimos hasta el año siguiente que iríamos con tiempo y al llegar a la esquina de la calle Atocha vi una preciosa muñeca en el escaparate de una bombonería y la compré y subí a regalársela para que no nos olvidara y cuál sería nuestra sorpresa cuando nos dijo Vamos a ver si haciendo mil combinaciones consigo sacar los imprescindibles. Si tienen algo que hacer, pueden volver dentro de un par de horas por si puedo servírselo.
Desde allí fuimos a la calle Toledo y en Caramelos Paco compramos dos sacos de surtidos, los dejamos en el taxi e hicimos un poco de tiempo, cuando volvimos a la casa de los disfraces ya los tenía muy colocaditos en unas maletas de mimbre y tan contentos, nos volvimos a Cuenca.
Se organizó la cabalgara y a pesar de que nos cayó un buen chaparrón desfiló por Carretería con la presencia del ochenta por ciento de la población que no cesaba de aplaudir elogiando la belleza del desfile, jamás conocido en Cuenca. En la casa de la beneficencia repartimos juguetes a todos los niños acogidos y puñados de caramelos a ellos y a los ancianos. También repartimos juguetes en el local que teníamos en la calle Alonso de Ojeda, que luego fue taller de la escuela sindical y hasta la segunda mitad del siglo XX se conoció como Teatro Principal, construido en 1819 y que, según las crónicas, tenía un acogedor aspecto muy acorde con el escenario callejero.
Como la ocasión me lo brinda, quiero dedicar un especial recuerdo a la casa de la beneficencia, hoy residencia provincial del Sagrado Corazón de Jesús, de la que fui director en mis últimos tiempos de vida administrativa, pero prefiero dejarlo para el final de este relato.


Así fue transcurriendo mi actividad dentro del Movimiento hasta que llegó un momento en que mi “parienta” y yo pensamos en casarnos, pero como yo no tenía ni había tenido nunca un sueldo seguro porque he de resaltar que no cobré ni una peseta por nómina en todo el tiempo que fui delegado, ya que sólo me pagaban los gastos justificados. Cuando poníamos sobre el tapete este tema solíamos terminar medianamente pero no había más remedio que esperar a contar con unos ingresos más o menos grandes, que, unidos al sueldo de Petra, nos permitieran formar un hogar.
Surgió una convocatoria para cubrir varias plazas dentro del movimiento y logré la de jefe de obra sindical de artesanía en propiedad, y al poco tiempo interinamente la de educación y descanso. Como jefe de la artesanía pasé unos días en Madrid haciendo unos cursillos y excuso decir que disfruté enormemente por estar junto a mi novia, con la que ya podía hablar del futuro que cada día veíamos más cerca.
A los pocos meses cesé como jefe de las OOJJ y me nombraron delegado de deportes y secretario del consejo que se formó para la construcción del campo de deportes, hoy estadio de la Fuensanta, ubicado en terrenos graciosamente cedidos por Federico Muelas.
Nuevamente convocatoria para varias plazas, entre otras salió la de jefe del departamento provincial del servicio social de la mujer. Me presenté a la oposición y me la dieron. Petra se vino a Cuenca y ya decidimos casarnos el 29 de Junio, día de su santo y cumpleaños.

En los primeros días de junio les escribí a mis padres dándoles la noticia que, por cierto, no recibieron muy gustosos alegando que su situación económica no les permitía sufragar los gastos que la boda lleva consigo, y como yo les dije que no necesitaba nada más que su consentimiento, tras tratar de retrasar la fecha y viendo mi empeño, accedieron.

El 24 de junio les comuniqué que nos casábamos el día 29 haciéndoles echar la lengua fuera, y se vió cumplido nuestro deseo a las seis de la tarde en la iglesia de San Jerónimo el Real. A la boda siguió una merienda en los salones del café María Cristina, que estaban en la calle mayor número 6. Conservo la minuta. Como contábamos las “pelas” el viaje de novios lo hicimos a Toledo porque no daba para más. Pernoctamos en el hotel Castilla, hoy desaparecido.
Conseguimos un piso en la calle ancha número dos que tenía salón-comedor, tres dormitorios y aseo, cocina, despensa y un enorme camarón y pagábamos 70 pesetas de renta mensual. En este piso nacieron los tres hijos y contando con nuestros sueldos y las ayudas de harina, judías, garbanzos, lentejas, aceite y matanza que venían de Palomares, vivíamos bastante bien y sobre todo muy felices.


En julio de 1941

Se organizó la División Azul y yo, muy patriota y muy dolido por cuanto había sucedido no dudé en alistarme voluntario, juntamente con Luis López Culebras, Andrés García Hernaiz, Bernardino López Hernaiz, Antonio Arroyo y la mayoría de los amigos que tenía en Cuenca.

La 250.ª División de Infantería (oficialmente en España División Española de Voluntarios, y en Alemania 250 Infanterie-Division), más conocida como División Azul (en alemán: Blaue Division), fue una unidad de voluntarios españoles que formó una división de infantería para luchar contra la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial. Se enmarcó dentro del Heer, el ejército de la Alemania nazi. Entre 1941 y 1943, cerca de 50.000 soldados españoles participaron en diversas batallas, fundamentalmente relacionadas con el sitio de Leningrado.
La fecha de salida se fijó para el 4 de julio y en la tarde del día 3 nos concentraron en el Almudí (edificio construido en el siglo XVIII y que sirvió como almacén del Pósito Real, es decir para conservar el grano aportado por los agricultores).

El comandante Castell, jefe de las milicias de FET pasó lista de cuántos salimos voluntarios y al final nos llamaron a los que estábamos casados y nos comunicaron que por orden de la superioridad no podíamos incorporarnos a dicha División. Bendita la hora en que se tomó esa decisión. Luego le he dado muchas veces gracias a Dios de que no pudiera ver cumplido mi deseo y en compensación poder seguir gozando de la felicidad del matrimonio y de mi primera hija ERENA, que solamente tenía 80 días y que por cierto era una preciosidad.

La noche esa del 3 hasta las cuatro de la mañana del día 4 con los que he citado antes, la pasamos en mi casa y Luis no se cansaba de tener en brazos a la niña y piropearla. Fui a despedirlos al tren especial que se organizó y allí les di un abrazo muy entrañable, sobre todo a Luis con el que compartí todo el cautiverio y que nos queríamos como hermanos. No volvió porque el día 2 de diciembre murió en el frente de Wolchow. A Andrés lo hirieron el día 2 de noviembre en Nibiskino.
En Valencia también se alistaron mis hermanos Santiago y Pedro y sólo pudo ir Pedro que hizo la campaña en artillería y tenía de capitán a nuestro querido amigo y compañero del Colegio Maravillas, Emilio Villaescusa Quilis
Hacia el mes de marzo de 1943 la diputación provincial convocó unas oposiciones para oficiales, tomé parte en ellas y obtuve una de las plazas, Como es natural este nuevo paso fue el definitivo para consolidar una colocación digna. Estaba francamente bien, pero queriendo mejorar hice las oposiciones de Gestores Administrativos y también conseguí el título. Pedí la excedencia en la diputación y monté la Gestoría *****, que fue un éxito, pero trabajando mucho. Después también se hizo gestor administrativo Petra y a su nombre funcionó el negocio durante unos meses, pero como quiera que tuve una parálisis facial y pasé una temporada bastante molesto, decidimos volver a la vida tranquila de la Administración.
Cuando se crearon las comisiones provinciales de servicios técnicos, me ofrecieron pasarme a ella, pero sin perder mi condición de funcionario provincial y acepté. En este destino conocí a varios ingenieros del Ministerio de Obras Públicas con los que tuve varias ocasiones de asistir a recepciones de obra, etc., y uno de ellos, D. Salvador Canals, me ofreció una plaza de administrativo en la junta de abastecimiento de agua a los pueblos de la sierra de Guadarrama y le dije que contara conmigo. Reunida la junta el día 5 de mayo de 1964 acordó mi nombramiento y el día 11 del mis mes tomé posesión.

Mejoré bastante el sueldo y allí estuve hasta que en virtud de un Decreto desapareció la Junta y nos integraron en la Confederación Hidrográfica del Tajo. En el nuevo destino tuve temporadas buenas y otras no tanto, pero ya había que aguantar porque volver a Cuenca era una locura. Petra se vino trasladada en el año 1966, quitamos la casa de Cuenca y nos embarcamos en la compra de un piso en Madrid, y gracias a Dios, todo se fue arreglando bien y podíamos disfrutar de la compañía de nuestros tres hijos.
Quiero dedicar un cariñosísimo recuerdo a mis “chicas” del “Tajo” así como a algunos compañeros y jefes, muy especialmente a los que me rindieron un inolvidable recuerdo con motivo de mi jubilación. Al cumplir los 65 años me jubilé por la mutualidad de la construcción y en contra de lo que opinaban mi mujer e hijos, pedí el reingreso en la Diputación porque yo no quería de ninguna manera perder los derechos que pudiera obtener jubilándome por la Munpal.
El día 19 de abril reingresé y me dieron la jefatura del negociado de beneficencia y obras sociales, pero al jubilarse D. Simón Calvo como director de la Residencia Provincial del Sagrado Corazón de Jesús, me propuso el presidente, Ángel Álvaro que me hiciera yo cargo de ella. En principio lo pensé mucho pues yo no veía muy fácil desempeñar el puesto que durante muchos años había estado en manos nada menos que de Monseñor Calvo Pina que, por otra parte, y como dije al principio, era gran amigo mío, hasta tal punto que creo que yo era el único seglar que lo tuteaba, hay que tener en cuenta que cuando yo le conocí, ni siquiera había cantado misa. También pensaba cómo me iban a recibir las monjas acostumbradas a la sotana con vivos y botonadura roja del arcipreste al ver quién le podía sustituir era un seglar, para ellas totalmente desconocido, pues no en balde faltaba de Cuenca desde 1964.
Al final me encomendé mucho al Sagrado Corazón de Jesús y le ofrecí mi entrega total pero humildemente, por entenderse que ante un puesto de servicio como ese, pasara lo que pasase no podía desertar ni por impaciencia ni por desaliento y mucho menos por cobardía. Había que darse plenamente a todos los que más lo necesitaban.
Me presenté al presidente y le di cuenta de mi aceptación , agradeciéndole que se hubiera acordado de mí para un puesto tan precioso. Desde hacía tiempo mi hobby consistía en visitar a enfermos y necesitados y mira por dónde, desde el día 1 de junio que tomé posesión se pusieron ante mí nada más y nada menos que 349 ancianos de los que había 80 inválidos y 22 subnormales, 119 niños de 4 a 18 años, algunos subnormales, en total 468 residentes y guardería infantil con 68 plazas.
Antes de terminar, quiero dedicar un nuevo recuerdo a mi primo Antonio **** que coincidentemente desapareció, casi seguro que fusilado cuando estaba en el frente de Extremadura, precisamente el mismo día que yo me evadí de la cárcel de Figueras, el 3 de febrero de 1939.
Dije que cuándo nos evadimos en la huída tuvimos que dejar al bueno de Antonio, pues bien en uno de mis viajes a Madrid en el año 1940, quizá cuando fui a lo de la cabalgata de reyes, se me ocurrió ir a la residencia de los padres que llevan la iglesia de San Francisco el Grande para preguntar por Antonio y cuál no sería mi sorpresa cuando me dijeron que vivía allí y que casi seguro estaría en su habitación. Efectivamente, bajó y tuvimos un encuentro muy emocionado y me dijo, Tengo un regalo para ti. De ninguna manera podía imaginar lo que era. Subió a por él y me entregó un sobre que contenía alguno de los pedazos de las cartas de Petra que eché al fuego al evadirnos y que, como él volvió a la casa en dónde estuvimos, cuando llegó encontró la lumbre apagada y esos pedazos que no se habían quemado en su totalidad. Los conservo como si de un relicario se tratara.
En mayo de 1963 impulsado por Paco Olarte y otros amigos de Cuenca, me decido a hacer un cursillo de cristiandad y durante toda mi vida no podré dar las suficientes gracias por el trascendente cambio que me proporcionó el encuentro que viví durante aquellos tres felices días.
En afán de conectar con verdaderos amigos, pensé que podía intentar localizar a mis compañeros del Colegio Maravillas, a muchos de los que no había visto desde mi salida del colegio en el año 1929 que al terminar 2º de bachillerato mi padre creyó conveniente sacarme de él, porque ya se barruntaba una próxima descomposición social y temía por la seguridad de las comunidades religiosas.

Me llevó al colegio San José en la calle de los Estudios número 3, del que era director D. Teodoro García Villanueva. Estuve interno y allí terminé el bachillerato. Recuerdo que al llegar al colegio estaban desempapelando el salón de estudio y allí subido a una escalera, conocí a su hermana Petra que es nada más y nada menos que mi mujer.
Decía que salí del Maravillas en 1929 y de vez en cuando iba al colegio a ver a los amigos hasta que el 11 de mayo de 1931 lo incendiaron teniendo que salir los alumnos huyendo de la quema.
Por aquellas fechas, o sea 1933 o así, la empresa del Teatro Pavón la llevaba el padre de Balbas y con él íbamos de “gorra” a ver las revistas que se representaban. Las Leandras la vimos cantidad de veces. También veía a Jesús Martínez, por la Universidad pues los dos empezamos Farmacia y ninguno la terminamos, de lo que yo no me arrepiento porque mi final hubiera sido en la rebotica de Palomares jugando al tresillo con el médico, el cura y el maestro. Día un rumbo muy distinto a mi vida y gracias a Dios hoy disfruto de una situación que nada me hace envidiar a los que terminaron carreras universitarias.
Pues bien, ya instalado en Madrid cogí la guía telefónica y con los primeros que contacté fueron Enrique García del Busto, Balbas y Jesús, les expuse lo que pretendía y empezamos a recordar nombres y luego a localizarlos con la ayuda de unas “perseverancias”, revista que periódicamente publicaba el colegio. En el ejemplar de fin de curso publicaba fotografías de cada una de las clases y resúmenes de notas obtenidas, etc., y así pudimos recopilar 105 nombres de todos los que fueron nuestros compañeros de 2º de bachillerato y siguientes. Buscamos las direcciones, que no fue tarea fácil y convocamos a todos para reconocernos, pues después de 35 años seguro que sería difícil de no saber que nos íbamos a reencontrar. Así por ejemplo, cuando me cité con Enrique Cortés en la cafetería Meba de la calle General Sanjurjo nos identificamos porque cuando concertamos la entrevista ya dijimos las prendas que llevaríamos puestas.
Poco a poco nos fuimos juntando y es de risa las escenas que vivimos hasta convencernos que cada uno era el que decía ser. Acordamos fijar un día a la semana para tomar café en tertulia y deseábamos llegara el viernes para vernos y recordar las diabluras de cada uno en la inocencia de los once o doce años.
Luego nos reuníamos periódicamente para comer o cenar juntos y alguno propuso que lleváramos a nuestras respectivas esposas, dudamos en hacerlo pensando que como ellas no se conocían para nada, podría dar lugar a algunos distanciamientos pero, afortunadamente, ocurrió todo lo contrario, entre ellas se compenetraron perfectamente, sin duda por participar de la alegría y satisfacción que mostrábamos los esposos.
En cada boda de nuestros hijos nos juntábamos como también en momentos de dolor. Así continuamos unidos como buenísimos amigos y en algún caso, como por ejemplo, entre Perico Parages y yo, hemos llegado a tener un trato quizá mayor que entre muchos hermanos. A pesar que estamos quedando como cocheros con algunos como por ejemplo, con Enrique Cortés, quiero hacer constar que no lo olvidamos pero en este caso, como en algún otro, me considero fracasado por no poder conseguir que al menos una vez al año le hagamos una visita. Lamentaría tener que, en nombre de todos, entonar el mea culpa en un futuro caso.
En plan estadístico diré que localizamos a 39, que con todos nos hemos visto, menos con Albino Merarín Leiraga que marchó a Estados Unidos. Que sepamos en la guerra desaparecieron 10, tenemos los nombres y apellidos de todos. Desgraciadamente de los 39 localizados, nos dejaron 10 más. Pero a propósito de desaparecidos, quiero contar lo que me ocurrió hacia 1971, fue lo siguiente:
Por razones profesionales tuve que pedir el reingreso en la Diputación de Cuenca. Iba los lunes y volvía los viernes, alguna semana el jueves. El viaje solía hacerlo en el Talgo y una tarde de jueves dirigiéndome a Madrid, coincidí en el mismo vagón con un amigo de Jabalera, José Alique, que se quedaba en Huete. Nos pusimos a charlar y un señor que ocupaba un asiento anterior al nuestro se levantó para dirigirse a los servicios, me quedé mirándole y le dije a José, ese señor tiene un parecido enorme con un compañero mío del colegio que, de no saber que no mataron en la guerra, diría que es él. He de aclarar que cuando escribí a cada uno la carta que dirigí a éste me fue devuelta con nota del cartero indicando que lo habían fusilado en la guerra y, consiguientemente, le tenía en la relación de desaparecidos.

A pesar de conocer este detalle tan importante puse atención para observarlo cuando volviera del servicio y aun le encontré mayor parecido. Al poco rato se bajó mi otro amigo y me puse a pasear por el pasillo llegando hasta dónde estaba el espectro que quizá ilusionado yo, cuanto más lo miraba más parecido le encontraba. Armándome de osadía me senté en un asiento frente a él y le pregunté perdone mi atrevimiento, Ud no apellidará Balmaseda, me dijo sí, ¿y de nombre Agapito? Si, ¿natural de Malagón? Si, ¿hiciste el bachillerato en el Colegio de Maravillas? Si, allí lo hice. Pues me vas a perdonar que me dé a conocer ya que veo que no tienes ni puñetera idea de quién soy. Soy Vicente *** ***, compañero de curso tuyo. No se inmutó lo más mínimo porque no recordaba ni el nombre ni la fisonomía.

 

Entonces le di nombres de compañeros y profesores, algunos le sonaban, pero conocer o mejor dicho recordar, sólo le decían algo los hermanos que tuvimos en las clases y se acordaba bien de Enrique García del Busto porque después del colegio, había coincidido con él en la Facultad de Medicina. Le expresé mi gran alegría y le conté lo que me había sucedido con su carta. Justificó en parte la nota del cartero ya que al que mataron fue a su hermano Antonio. Seguimos contándonos nuestras vidas después de cuarenta años sin vernos y le comprometí para que al día siguiente acudiera al café El Cisne donde tendría la oportunidad de reencontrarse con varios compañeros, le hizo mucha ilusión y prometió que iría.
Al llegar a Madrid llamé a todos y les anuncié que tenía una sorpresa y les pedí que fueran puntuales. Les cité media hora antes de la que había quedado con Agapito y cuándo él apareció ya estábamos todos. Al verlo entrar les dije, esta era la sorpresa y ninguno lo identificó como tampoco él a los demás. En el transcurso de la tertulia todo quedo claro y admirados se extrañaban como había sido capaz de reconocer al bueno de Agapito máximo si tenemos en cuenta que para todos, estaba muerto.
También quiero recordar al impetuoso Alfonso Cernuda Torres, tras tener una vida administrativa muy agitada y poco agradable, enviudó y se quedó sólo en casa con la única compañía de un gato y un perro. Tenía una sola hija, pero parece ser que no se veían frecuentemente. Afectado por unos problemas de riego sanguíneo fue atacado por una gangrena que obligó a que le amputaran ambas piernas, los que lo conocíamos imaginábamos su estado. Con Isicio fui a visitarlo cuando estaba recién operado en el Hospital Ramón y Cajal (el piramidón) y no quiero recordar la impresión que nos causó al verlo sobre un carrito asomando los muñones de los muslos. Nos ofrecimos para cuánto creyera que podíamos serle útiles y nos dijo que no necesitaba nada porque su hija le atendía muy bien. Al cabo de unos días volví y ya no se encontraba en el priamidón, parece ser que lo trasladó su hija a una residencia en Pozuelo, pero no conseguí localizarlo.
Balbas tuvo la paciencia de tomando una foto que teníamos de 2º curso, hacer una composición en la que en los mismos lugares que teníamos en ella puso una foto de carnet actualizada y en los espacios correspondientes a los desaparecidos, los señaló con una cruz. Lógicamente Agapito Balmaseda se identificaba con este signo.

Fechas inolvidables para mí:
3 de febrero de 1939 Me evado de la cárcel de Figueras
29 de junio de 1940 Matrimonio
22 de Mayo de 1963 Cursillos de Cristiandad
26 de Enero de 1964 Muerte de mi madre
23 de julio de 1965 Muerte de mi padre
26 de diciembre de 1978 Ley 70/78
15 de enero de 1983 Jubilación en el momento más preciso y más precioso

Y ahora te pregunto: ¿En qué grupo me incluirías?
• Perseguido
• Huido
• Voluntario
• Encarcelado
• Fugitivo
• Desertor
Para mí ir a la cárcel significó la pérdida del atributo más precioso del hombre
LA LIBERTAD

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